A la pornografía siempre se la asoció con lo clandestino. No por casualidad fueron los autores del under quines comenzaron a usarla en sus películas.
Como todo cine, el “condicionado” también tiene su historia. Desde comienzos del cine mudo, la pornografía cautivó al público. Poder ver lo que muchos hacían en su casa fue el atrayente primordial. Siempre asociado a la prostitución, el cine condicionado, en un principio, era un privilegio de aristócratas y poderosos hombres de negocios. Hasta que, en 1972, se legalizó la pornografía en Estados Unidos y nació “el porno” oficialmente. Al mismo tiempo, llegaba al mundo el cine de terror explícito. Ese mismo año se estrenó Garganta Profunda, (Gerard Damiano, 1972) y, para sorpresa de muchos, fue la película más vista del año.
Durante toda la década del setenta se hicieron dos tipos de películas porno: las comerciales y las artísticas. Entre estas últimas, se destacaron Detrás de la puerta Verde (de los hermanos Mitchell), El diablo en el cuerpo de la Srta Jones (Gerard Damiano, 1973, basada en la novela Justine del Marqués de Sade) y Memories Within Miss Angie (basada en el clásico Historia de O), entre otras.
Con la aparición del video, el arte terminó y comenzó la producción de cine porno a gran escala. Los argumentos fueron desapareciendo, hasta hoy, con la aparición del Porno Bonzo (escenas de sexo con cámara en mano, una tras otra), donde Buttman junto a Rocco Sifredi dominan el mercado.
El matrimonio perfecto.
Hoy en cine se acuerda del porno. Los realizadores (muchos del cine de terror) cruzan los géneros. Así, dos géneros que nacieron juntos hoy vuelven a encontrarse. Muchas películas Gore (cine de tripas) de hoy en día incluyen escenas porno como parte natural de la trama. En la Argentina pudimos ver hace unos años Los Idiotas, película del Dogma 95 (uno de sus postulados dice que todo tiene que ser real, hasta el sexo), donde había un pequeño insert de una copulación.
Las grandes estrellas de Hollywood tampoco se quedaron afuera. En la película En Carne Viva de Jane Champion (La lección de Piano), con Meg Ryan, se puede ver una fellatio en todo su esplendor. Un antecedente de esto fue la recordada Calígula, de Tinto Brass, protagonizada por Malcom Mc Dowell y Peter O´Toole, que tenía dos versiones: la erótica y la condicionada. En la Argentina se consigue la XXX bajo el nombre de Versión Completa.
El director de cine porno argentino Víctor Maytland dice: “Naturalmente esto va a seguir sucediendo. El cine tapó durante muchos años la sexualidad de la gente. Yo tengo dos tipos de películas: Las argumentales, donde me doy el lujo de trabajar con buenos guiones y decorados, y las “bonzo”, que son mucho más baratas, pero hay un público para este cine también. En este momento estoy terminando de editar Tango una gran producción sobre el baile y el sexo”.
Mucha gente se espantará, pero la realidad es que en los años venideros el sexo en el cine será una cosa cada vez más común. Desde Nixon (en la década del 70) hasta Bush Jr (hoy en día), la industria del porno no cambio mucho. El nuevo milenio quizás acabe con la pacatería y comencemos a llamar a las cosas por su nombre.
Saludos.