Cuidar a un bebé recién nacido, atender con prontitud sus reclamos de comida, sueño o cariño al primer berrido, y descubrir en distintas muecas
su primera sonrisa es una experiencia que el común de los mortales considera gratificante. Sin embargo no es una labor sencilla. Horas de sueño que se resignan, llantos que no responden a razones evidentes y mucho regodeo en lo escatológico, le agregan a la tarea algunos ingredientes que las propagandas de muñecos bebotes y barbies de distinto tipo y factor no muestran.
Lo cierto es que los bebotes que aparecen en cualquier publicidad están siempre sanitos y son agradables de ver para cualquier ama de casa frente al televisor, no remiten a miserias de las que no son responsables, ni arrastran problemas graves, a menos que se trate de una pieza que promociona alguna colecta solidaria. Cuidar a un bebé, según el gran mercado juguetero, siempre es una tarea maravillosa.
Pero como la realidad golpea más fuerte cuando las causas del dolor podrían haberse evitado, esta afición de acunar a un muñeco como forma de experimentar tempranamente el instinto maternal, animó a una ONG británica a desarrollar una novedosa herramienta para instruir a las adolescentes sobre los peligros de ciertas adicciones.
Se trata de “Foetal Alcohol Syndrome doll”, una muñeca con componentes robóticos y signos evidentes de sufrir de síndrome fetal alcohólico, un grupo de defectos congénitos relacionados con la ingesta de alcohol durante el embarazo. La apariencia de estas muñecas con forma de bebé, es marcadamente distinta a las de muñecas inspiradas en bebes normales. Son más flacas, los órganos son más pequeños, tienen el pecho hundido, y lógicamente, pesan menos.
Sin embargo, sus diferencias no son solamente formales. Estos bebés de mentira, reproducen, gracias a un procesador interno, el comportamiento que presentan los bebés con esta dolencia. Gritan recurrentemente y a intervalos azarosos, son inestables e impredecibles, además requieren con mayor frecuencia de los cuidados atentos de sus madres postizas.
La organización que los utiliza, presta estos muñecos durante dos días a las adolescentes que participan de un programa contra las adicciones. Durante este lapso de tiempo tienen que cuidarlos, alimentarlos y hacerlos descansar. Otra de las particularidades de su comportamiento es que no pueden ser apagados mientras dura la experiencia.
Los responsables de este proyecto consideran que la utilización de estas muñecas produce un efecto de shock en las adolescentes que participan de la experiencia. Lo que los expertos no pueden asegurar todavía, es el grado real de éxito que este tratamiento de choque puede aportar a la lucha contra las adicciones. Lo cierto, más allá de su efectividad, es que la lista de espera de quienes desean adoptar su propio bebé con síndrome fetal alcohólico excedió por lejos las expectativas que se plantearon los creadores de la muñeca.
Saludos.