En la cama hay luchas de poder. Si quisiéramos justificar esta afirmación podríamos ponernos filosóficos y remitirnos a Michel Foucault, quien sostenía que no existe un poder sino “una trama de poder". Es decir que esas luchas son de orden social, familiar y, claro, también sexual. Pero para no ser pretenciosos olvidemos la filosofía y vayamos a la lucha que nos ocupa: el sexo anal, ese eterno tira y afloje entre los géneros que convierte al lecho en un campo de batalla.
Según el sexólogo León Roberto Gindin, explica en su libro La nueva sexualidad de la mujer. A la conquista del placer, “en el mundo heterosexual occidental, se considera que aproximadamente el 40 por ciento de las parejas lo han intentado al menos una vez” y que “en más del 20 por ciento es una práctica frecuente”. En la comunidad gay, el porcentaje se eleva al 50 por ciento.
Pero a la hora del rastreo en el 80 por ciento que no lo practica con frecuencia, aparece una división fácil de establecer: los hombres quieren, las mujeres no ¿Por qué?
“A los hombres les resulta atractivo todo lo que sea dificultoso, a punto de transgredir. Además, es una muestra para ellos del sometimiento a que deben presionar a las mujeres. En algunos casos, disfrutan de posiciones en el sexo anal en que la mujer puede sentir molestias, dolores y continuar con la negativa”, explica el sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff.
Por su parte, Juan (21) argumenta: “es como un morbo que uno tiene, aparte es una zona más estrecha, el pene entra más apretado y hay más sensibilidad”.
Gindin avala: “Una de las fantasías más frecuentes de los varones es involucrarse en una actividad sexual anal y sienten que penetrar a una mujer analmente involucra algo más que una cavidad donde poner el pene. Los varones describen como un triunfo el conseguir que su compañera acepte tener sexo anal. Muchos consideran que es una ‘segunda virginidad’”.
“Algunos refieren que la penetración por esa vía les da más sensaciones de presión sobre el pene - continúa Gindin-. Esto es cierto sólo para el comienzo pues el anillo del esfínter aprieta más en el inicio. Pero luego de atravesado, la ampolla rectal es mucho más amplia que la vagina y no permite mayor presión sobre el glande del pene”.
Queda la otra postura, la femenina, que esgrime la negativa sobre un argumento bien sólido: duele. “El sexo anal es un punto de discusión frecuente en las parejas, casi siempre, por la negativa de las mujeres”, agrega Kusnetzoff. Javier (26) lo afirma: “lo intenté con tres parejas distintas, todas dijeron que no les gustaba, que por ahí no. Hasta ahora nunca pude concretarlo, pero me gustaría”.
Ana (28) ratifica: “Yo lo intenté hace años y me dolió mucho. No lo intenté más”. Para Laura (29) el tema es casi una cuestión de principios. “No, ese no se entrega”, resume.
Sin embargo las estadísticas muestran las mujeres que practican el sexo anal regularmente afirman experimentar agradables sensaciones y encontrar el coito anal tan placentero como el vaginal. María (29) está entre ellas. “Yo nunca me negué. Empecé por curiosa y fue placentero, ahora lo practico con regularidad. Es una variante más dentro del juego sexual. Es verdad que a veces dolió pero depende de la habilidad. Los hombres siempre quieren, todos. Es el sueño del pibe”.
Filosofemos otra vez: la cama como lucha de poder. Y ahí se debaten entrega versus dolor, fantasía versus principios. Y el lecho convertido en un campo de batalla donde a veces el triunfo… se define en la retaguardia.
Saludos.